ESCRITO POR O'BART MIENTRAS MORÍA (BUENO, JUSTITO ANTES...)
En el primer día de la primavera del año 2001, el cuerpo del autor de la emblemática obra Cumbia y desidia, Errolt O'Bart, fue hallado inerte frente a su máquina de escribir. A la izquierda de la máquina había una pequeña pila de afichetas con la lista de precios de un supermercado cuyos dorsos en blanco sabía aprovechar el fundador del realismo surrealista. A la derecha se agrupaban las pocas ya tornadas sustrato de su obra. Calzada en el cilindro de la máquina, yacía la última hoja de papel con las improntas de una autoría profundamente ligada al surgimiento de este devenir que deriva en La Birome. El escrito inconcluso apunta percepciones de O'Bart sobre las crcunstancias históricas que la asociedad argentina atravesaba y, según indican los hábitos y compromisos que O'Bart tenía asumidos, podría estar siendo escrito para ser aprovechado como borrador a partir del cual intervenir en un próximo encuentro de La Maroma (movimiento sobre el que ahondaremos próximamente). Fue publicado diez años después en el segundo número de Negro el 22, (una herramienta de organización y propaganda de esta sucesión de manifestaciones que llamamos Mis Harapos). Compartimos a continuación los seis párrafos que el escritor alcanzó a concluir:
El modelo está derrotado. El gobierno actual no llega al final del mandato.
La fuerza y la organización de la resistencia no tienen el suficiente
desarrollo como para mantener la iniciativa en la próxima etapa. Tras un
reacomodamiento nada despreciable de los actores políticos se inaugurará un
tiempo de reivindicaciones satisfechas, postergaciones y expectativas
renovadas, contradicciones y claudicaciones, reparaciones históricas y
concesiones. El discurso, los valores y los símbolos del neoliberalismo serán
desplazados del centro de la escena política y relativamente desmantelados en
las prácticas institucionales. Los intereses oligárquicos y transnacionales
seguirán ejerciendo el poder en mayor o menor contradicción o acuerdo con los
gobiernos resultantes del reacomodamiento. Reestructurarán sus dispositivos de
reproducción haciendo hincapié en lo económico, social y cultural, asumiendo su
retroceso en lo político aunque afianzándose en los factores que lo
condicionan, y reelaborarán desde ahí su discurso, sus valores y sus símbolos,
acudiendo a los eficaces contenidos “clásicos” del paradigma que justifica las
prácticas acordes con la realización desenfrenada de sus intereses. Pero
evitando identidades manifiestas (identificaciones), entre ese discurso reelaborado
y otros, anteriores, históricos, derrotados o desprestigiados. Esta
reelaboración incluirá la apropiación recortada, desvirtuada y antojadiza, de
aspectos del actual discurso de la resistencia, mediante los cuales buscarán
hacer pesar a su favor tanto a fuerzas políticas desplazadas o relegadas, como
al posible descontento popular ante las postergaciones y contradicciones que
surjan entre los nuevos discursos oficiales y las acciones de los
gobiernos. Permaneciendo como clases
socialmente dominantes a través del proceso histórico a punto de iniciarse,
mantendrán durante su transcurso la fuente de recomposición de su fuerza
política. Las reivindicaciones satisfechas como expresión concreta de la
derrota inminente del neoliberalismo redundarán en palpables mejoras en la vida
cotidiana de amplios sectores de la población, que convivirán con los sectores
postergados por los límites del modelo que reemplace al actual. Sobre estos
sectores populares favorecidos por el cambio de modelo las clases dominantes
harán pesar aquellos aspectos de su discurso renovado que los diferencien y
contrasten con los sectores postergados. Los gobiernos de la etapa que se
inicia durarán lo que tarden las clases dominantes en recomponer su capacidad
de imponerse en el plano político, situación que podría ser atravesada
(abriendo así varias alternativas), por una reorganización de las fuerzas
populares de la resistencia tal que les permita recuperar la iniciativa.
Los sectores, grupos, fuerzas,
organizaciones, asociaciones, corrientes e individuos que hoy le dan vida a la
resistencia, deberán ocupar todos los posibles espacios abiertos por la lucha
sostenida, y ser capaces tanto de apropiarse de cada aspecto de la realidad que
su capacidad de realización colectiva haga posible, como de asumir la necesaria
autonomía en la organización de esta capacidad, aprovechando prácticamente la
experiencia de esta etapa, y la histórica en general, según las cuales la
capacidad de identificar y sostener los propios intereses y la de acordar y
compatibilizar con otros son dos caras de una misma esencia. (Y, por la
negativa, podemos verlo en aquellos que confunden el decálogo de los objetivos
propios con la fuerza para imponerlos, reduciéndose a una labor anunciadora y
enunciadora completamente estéril en lo económico, social, político, o en
aquellos que viendo sólo los límites de las fuerzas propias, incapaces o
desinteresados en ver las tendencias de su desarrollo, se someten al interés
ajeno ya sea por tajadas o resignación.)
Si la victoria sobre el
neoliberalismo, que creo estar viendo cerca de materializarse, se diera a
partir del desarrollo de la resistencia que imagino, no sería lo
suficientemente contundente como para hablar de un verdadero cambio en las
relaciones entre las clases e individuos y la realidad social. Me refiero a uno
de los resultados más profundos, esenciales y nefastos de la anterior victoria
de nuestros enemigos, consistente en desarticular las prácticas que permiten a
los individuos asumirse como “hacedores” de la realidad, rompiendo los lazos de
identificaciones con los otros y a partir de eso reduciéndolos a delegar en
otros “otros”, en “agentes especializados”, en “profesionales de la gestión de
asociaciones”, en “políticos”, el manejo ya sea de “la cosa pública”, el
sindicato, la comisión barrial, el centro de estudiantes, etc. De ser así, de
heredar, lo que creo más probable, la próxima etapa este hábito de la
delegación, esto será una característica en la construcción de consenso por
parte de los gobiernos que la caracterizarán. La “construcción política” de los
mismos, supongo que con excepciones, estará bestialmente centrada en lo
discursivo. La principal manifestación de sus partidarios será opinar a favor,
emitir defensas y justificaciones de lo hecho. No habrá un movimiento social
realizando o aunque sea sosteniendo un proyecto de gobierno que incluya la
satisfacción de tales o cuales reivindicaciones, sino una serie de individuos y
organizaciones preexistentes puestas en función de acatar lo decidido y
argumentar en su defensa. Por supuesto que estos gobiernos serán perfectamente
conscientes de la identidad, más o menos profunda o superficial, transitoria o
duradera, entre aspectos de sus planes de gobierno y objetivos de las diversas
expresiones actuales de la resistencia, y por lo tanto acudirán a ellas en su
pelea por mantener los espacios políticos conquistados contra los intentos de
las clases dominantes de reconstituir “lo político” como expresión directa de
sus intereses. Pero no tendrán para “ofrecer” más que la sumisión acrítica o
pasiva a cambio de espacios de gestión o cargos, en los mejores de los casos
mediante acuerdos que incluyan beneficios concretos para los “representados”, o
libertad de acción o apoyo político al trabajo en el área de la que se tratase
en un sentido más o menos coherente según la trayectoria histórica de quienes
fueran. Entre otras cosas, esta modalidad redundará en el deterioro de actores
de lo que hoy es la resistencia.
Paradójicamente (en apariencias),
las clases dominantes, reelaborando su discurso, su imagen (o mejor dicho la
imagen de los instrumentos políticos que representen sus intereses), sus
valores, tendrán ocasión de “ofrecer” a sus huestes la ilusión de una activa
participación. Aunque, por supuesto, reproduciendo también la actitud de
delegar en lo esencial, ya que las decisiones se tomarían de pe a pa en sus
“altos mandos”, puedo imaginarlos promoviendo “la acción”, explotando los
contrastes entre las situaciones diferentes de diferentes sectores de la
población. Enfrentando, a grandes rasgos, a los “incluidos” (¡beneficiados por
medidas de gobierno que las clases dominantes desandarían!), con los
“excluidos” (que, siendo emergentes del tipo de sociedad que las clases
dominantes fueron construyendo a imagen y semejanza de sus intereses, por un
lado, serían seguramente acusados de ser los destinatarios de la ayuda social
de estos gobiernos, y por lo tanto inmerecidos receptores del dinero que “los
incluidos” generan, y de ser culpables –como siempre– de la posibilidad del
predominio político del clientelismo, la demagogia, el populismo, etc.; y por
otro lado –otra aparente paradoja– podrían estar siendo aquellos que
manifestaran sus disconformidades con las medidas de esos gobiernos que los
reubicarían nuevamente en el sitio de la postergación. Puedo imaginar la
“activa participación” de señoras finas o pretendidamente finas en manifestaciones
callejeras y cacerolazos, señores de miles de dólares al mes cortando rutas,
medidas de fuerza de diverso tipo por parte de dueños de propiedades grandes o
muy chicas, y vecinos pobres manifestando en forma de violencia física su
desprecio a los más pobres o pobres de otro modo. Muchachos organizándose para
la defensa ante “el peligro que nos amenaza”, misterio seductor que se iría
explicitando a lo largo de un paciente proceso en los nombres de extranjero,
negro, o el calificativo político que habrán puesto de moda.
Mientras tanto, el monopolio legal
del uso de las armas seguirá siendo detentado por las mismas fuerzas que hoy lo
tienen, lo que, además de ser la permanente carta a mano para dirimir políticas
contradicciones, será (como ahora), un dispositivo impresionante de corrupción
de la sociedad civil y una permanente fuente de penurias en contraste con
cualquier mejora relativa. Lo cual, ahora como después, reproduce y reproducirá
el “clima social”, el tipo de relaciones, la prepotente imposición de
situaciones, los valores, los anhelos y expectativas, la idea de autoridad, la
angustia inhibidora y el miedo inherentes a la reproducción del tipo de
sociedad en que los intereses de las clases dominantes devoran desde los
anuncios de su nacimiento a las manifestaciones de cualquier actividad que
pueda contrariarlos.
Los gobiernos posteriores a la
derrota del neoliberalismo seguramente intervendrán en estas fuerzas,
desalentarán aspectos hoy corrientes de su accionar, cambiarán mandos,
separarán individuos, procesarán sospechosos y acusados, impondrán límites y
prácticas, harán un esfuerzo descomunal y delicado por subordinarlas,
sostendrán una lucha durísima alrededor de los aspectos simbólicos de las
relaciones de estas fuerzas con el resto de la sociedad. En todo caso, los
modelos que habrán inaugurado esos gobiernos requerirán otro tipo de fuerzas de
seguridad. Y la continuidad del crimen organizado desde las fuerzas del Estado
(que alienta al crimen en general), impedirá la continuidad en el tiempo de
cualquier proyecto que no garantice su impunidad. Por lo tanto, el futuro de
estos organismos será un parámetro de la relación de fuerzas entre los diversos
intereses de clases y sectores de la sociedad, y entre proyectos políticos
poco, bastante o muy favorables a unos u otros. Más allá de caminos que podrán
ser retorcidos o directos, y de estrategias que podrán llevar más o menos
lustros, la transformación profunda de estas fuerzas será condición de la
continuidad del “disfrute del botín” (no puedo saber ahora qué tan grandioso o
magro habrá de ser), de la inminente victoria sobre la actual modalidad de
dominio de las clases que detentan el poder. Si en aquella novedosa situación
política, se interrumpieran las medidas tendientes a la transformación de las
fuerzas de seguridad, estaríamos ante el primer acto del final del ciclo que se
habría inaugurado con la caída del gobierno actual. Y esto sería así, fueran
cuales fuesen las intenciones del gobierno del momento. Resignarse a que el
Estado sea el organizador de los más cuantiosos, crueles, masivos, cotidianos,
alevosos crímenes, dando lugar así a todos los demás y envenenando las
relaciones y prácticas cotidianas de cualquier tipo, significaría imposibilitar
cualquier elemento distinto a lo que hoy estamos sufriendo en las perspectivas
económico-sociales.
Arriba transcribimos el texto de las hojas escritas por O'Bart encontradas a un costado de la máquina. En la que permanecía en el cilindro solo podía leerse, bien arriba, lo siguiente:
"Para contar con la fuerza social
que permitiese recrear…"
Solo podemos intentar deducir cuáles serían los quehaceres que no alcanzó a proponernos guiándonos por el sentido que orientó su trayectoria y las discutibles significaciones de su obra escrita. Con la intención de complicar al hipotético público entusiasta en el proceso, hemos publicado, publicamos y publicaremos hasta cada última gota de nuestras singulares existencias.
Negro el 22 está disponible en Mis Harapos Librería:
https://labiromeblogspot.blogspot.com/2026/03/catalogo-de-mis-harapos-libreria.html
Para ir a la presentación de Negro el 22 en este blog:
https://labiromeblogspot.blogspot.com/2026/08/negro-el-22-el-pasquin-de-mis-harapos.html
Para lo que sea, pueden guasapearnos al 11 5736 0319
Encuentran nuestras publicaciones en @adrianfigueroa2x4
Abajo, fragmento de El 22, de Natur Quesabs (tinta de marcador marrón sobre celulosa tratada y laminada), retrato publicado en la tapa de Negro el 22 nº 2, editado en 2011.

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